lunes, 1 de enero de 2018

Al compás literario del Tango (Manuel Guerrero Cabrera)



 
Manuel Guerrero Cabrera  (Lucena, Córdoba. 1980) es el autor de "Al compás literario del Tango", un amenísimo ensayo sobre la relación entre literatura y tango que acaba de publicar la editorial Cuadernos del Laberinto. 

Guerrero Cabrera no es nuevo en estos lindes, ya que en  2009 nos ofreció "Tango. Bailando con la literatura", y además su obra poética goza de un reconocimiento merecido.

Nadie mejor para poder charlar sobre esta música que cautiva a todo el planeta y empezar el año con las notas de tangos tan inolvidables como Mi noche triste o Caminito.

En Al compás literario del Tango el lector encontrará jugosas anécdotas y profundos estudios que le ayudarán en el conocimiento de este ritmo. 



—Tango y literatura, ¿cómo de especial es esta relación?
Muy especial. Han estado unidos desde hace cien años, o más. Por ejemplo, Mi noche triste se difundió a partir de 1918 en una obra de teatro, convirtiéndose en éxito en Buenos Aires; desde entonces, las piezas teatrales incluían con frecuencia algún tango. En las letras, desde los años 20 del siglo pasado se recurre a elementos o personajes de obras literarias; por ejemplo, en Griseta (1926) se menciona a Margarita Gauthier (de La dama de las camelias de Dumas) o a Manon (de Historia del caballero des Grieux y Manon Lescout de Prèvost), en La novia ausente (1933) se recita la primera estrofa de la «Sonatina» de Rubén Darío, quien también es nombrado en el tango. También hay otras maneras más sutiles de manifestar obras literarias clásicas, como en Café de los angelitos (1944) que evoca unos versos de las Coplas de Jorge Manrique.
 

Decía Homero Expósito, uno de los grandes letristas del tango, que «nadie puede escribir un tango si no sabe escribir un soneto»; lo dijo a mediados del siglo XX, lo que implica que ya entonces la literatura estaba muy presente en la música popular del tango.


—El tango “Mi noche triste”, uno de los favoritos de casi todo el mundo, fue el comienzo de la unión entre tango y poesía, allá por 1916. ¿Qué significó este cambio?
—No fue exactamente el comienzo de la unión de tango y poesía, sino más bien un nuevo planteamiento estético y temático para el tango. Habla de un hombre abandonado por la mujer, algo novedoso para el tango; la mujer, recluida en el espacio doméstico, objeto de goce o, por el contrario, desde otro punto de vista, una femme fatale, se va de la casa; el hombre expresa esta situación desde la melancolía, que, desde entonces, será esa nota triste la que encontremos en el tango. Pensamiento triste que se baila, como decía Discépolo. Con Mi noche triste se coincide en que se inicia del denominado tango-canción, en el que se cuidan más las letras y sus autores pasarán de ser bohemios a periodistas o dramaturgos y de estos a universitarios; en otras palabras, los letristas irán teniendo más formación.

—El tango es una de sus pasiones, incluso ha puesto a su hija como nombre Malena. Además es usted profesor de literatura y periodista (dirige el programa radiofónico La voz a ti debida en Radio Atalaya de Cabra). Claramente lo suyo son las letras.
Quizá esta no sea la respuesta esperada. Hace unos cinco años, una alumna me preguntó qué me hubiera gustado ser o hacer, de no ser profesor. Le dije que hacía todo lo que me había propuesto o había soñado, aunque me quedaba por cumplir un anhelo: el de ser letrista, el de escribir canciones y que las interpretaran. Y, aunque en verdad esto me ha pasado una sola vez gracias a un ex alumno que adaptó uno de mis poemas para su grupo adolescente de rock, sigue siendo algo que me encantaría hacer.

 

Manuel Guerrero Cabrera

—En su libro nos relata cómo Gardel y Lorca se hicieron amigos. Una historia apasionante y poco conocida.
Así es. Lorca coincidió con el tango en más de una ocasión. Una de ellas tiene como protagonista precisamente al mismísimo Carlos Gardel. Fue en 1933, durante su viaje a Buenos Aires, se encontraron, se los presentaron y el Zorzal no dudó en llevarlo a su domicilio y cantarle algunos temas. Según testimonios de los presentes, Lorca escuchó Claveles mendocinos, Mis flores negras y Caminito en este encuentro con Gardel.


—Normalmente al hablar de tango, se piensa rápidamente en Buenos Aires, pero Uruguay también tiene mucho que decir al respecto ¿no es así?
Por supuesto. Simplemente basta recordar que el tango más  conocido, más difundido y más grabado es uruguayo: La cumparsita. En Montevideo el tango se respira en las calles y Gardel es muy reclamado.

—A esta alturas del siglo XXI ¿aún no se sabe a ciencia cierta el lugar de nacimiento de Carlos Gardel?
Hay que recordar sucintamente que hay dos teorías sobre el origen de Gardel: una afirma que nació en Tacuarembó (Uruguay) el 11 de diciembre de 1887, la otra que lo hizo en Toulouse (Francia) en 1890, también un 11 de diciembre. El artista llevaba consigo documentos que se ajusta a la postura uruguayista, pero en su testamento pone que era francés. Luego hay circunstancias como que lo apodaran el Francesito o que a su compañero de dúo, José Razzano, lo llamaran el Oriental, cuando el propio Gardel también lo era; no obstante, en distintos periódicos de la época no dudó en afirmar que era de Tacuarembó. Además, hace unos seis años se encontró documentación muy sólida sobre su origen francés e, incluso, hay fotografías de él con su familia francesa (esto lo menciono en uno de los artículos del libro); y en torno a 2015 aparece un documento de identidad emitido en Argentina en el que se registra su origen uruguayo. Hay varios aspectos que necesitarían mucho tiempo y espacio para exponerlas con claridad, como que Gardel fue hijo de un incesto en la teoría uruguayista, o que su madre, Berta Gardés, tuvo otro hijo llamado Charles Romuald con el que se confunde al Zorzal. En definitiva, es algo apasionante sobre lo que se ha escrito y se sigue escribiendo.

—Además es usted fundador y colaborador de la revista literaria “Saigón”. Permítame que le pregunte la procedencia de este título.
Saigón era el nombre de la antigua capital de Vietnam del Sur, rebautizada como Ciudad Ho Chi Min a raíz de la invasión del sur por los vietnamitas del norte. Para quienes hacemos la revista, este nombre alude a un episodio clave de la derrota de los estadounidenses en Asia y, por extensión, es una metáfora del proceso de traspaso de la hegemonía mundial de Occidente a Asia en el que nos hallamos inmersos desde hace varias décadas, así como del proceso mismo de decadencia de la civilización occidental (siguiendo a Spengler o Barzun, entre otros).

—Es inevitable preguntarle por cuál es su tango favorito.
—Probablemente sea Trenzas, de Homero Expósito y Armando Pontier, aunque me es difícil elegir uno. También considero de mis favoritos Por la vuelta de Cobián y Cadícamo, y, aunque no sea tango, la Milonga triste de Piana y Manzi.







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