miércoles, 10 de enero de 2018

El habitante del tiempo (de Diego Agúndez): un paseo por la eternidad

 
Diego Agúndez: El habitante del tiempo
Cuadernos del Laberinto, Madrid 2017
Coleccción ANAQUEL DE POESÍA, nº 76
I.S.B.N: 978-84-947595-4-3 • 78 páginas • 10€
Más información:
 
 
“El habitante del tiempo” es el segundo libro de Diego Agúndez, un conjunto de 55 poemas que acaba de publicar Cuadernos del Laberinto, quienes también editaron el primero “Acto de creación” en edición bilingüe en 2016.

Todo, nos recuerda, se renueva sin cesar. Unos mortales crecen, otros decrecen, y en un corto lapso las generaciones van sucediéndose y se pasan, igual que corredores, la antorcha de la vida. 

Sic rerum summa novatur semper, et inter se mortales mutua vivunt: augescunt aliae gentes, aliae minuuntur, inque brevi spatio mutantur saecla animantum et quasi cursores vitai lampada tradunt.


“El habitante del tiempo” desarrolla, pues, un peregrinar por el pensamiento humano y su lugar en el universo con una mirada profunda, caustica y versos de muy bella fractura donde el poeta contempla su mundo y el devenir. Lo sé porque alguna vez, / mientras iba tanteando, / he sentido un calor como de alguien / que tampoco decía nada.
O el excepcional poema Esferas, como símbolo del raquitismo de la visión humana ante la enormidad del cosmos:

13. ESFERAS
(Cada uno de nosotros sabrá lo que tiene que hacer)

Forjan las nubes de tu atmósfera onírica
traviesas capas de humedad y frío
y aunque el horizonte es una ilusión sin bordes
y no está claro cuánto podrás ver,
constante y absoluta como la velocidad de la luz
marcha, paso a paso, tu esperanza.

Las cosas son como las miras
pues no tienen más centro que tú mismo.
Pudieran todos los planetas propios
estar a punto de caer jugando sobre ti,
pero tú a nada renuncies
a la busca de los negros agujeros lejanos
por si estuvieran los dioses aguardándote, dentro.

Aguardándote con la vista puesta en ti,
mientras marchas por el arcén de la pista
acumulando sueños
y columpiándote apenas en la sierra;
si volvieras a casa, como todas las noches,
con las manos vacías,
sea.

Dando por cierta la manera en la que el poeta ruso Yevgueni Yevtushenko define a la poesía (la educación de la delicadeza en la percepción del mundo), hemos entonces de reconocer que Diego Agúndez, periodista en la Comisión Europea en Bruselas, es certero en su visión de lo que el ser humano debe trasmitir y que su nuevo libro “El habitante del tiempo” nos educa en la delicadeza para percibir el mundo y el tiempo.

(Ricardo Castilla Drog)

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